Claudia Rivera Vivanco quería cerrar su discurso con aplausos y pose de estadista, pero terminó regalando una escena perfecta para exhibir la torpeza política de Morena.
La diputada federal hablaba en San Lázaro sobre la reforma a la Ley Aduanera, cuyo objetivo es combatir la evasión fiscal, el contrabando y el huachicol fiscal.
Todo iba relativamente normal, hasta que la exalcaldesa de Puebla decidió convertir el pleno en una porra de secundaria.
En medio del argüende, preguntó si estaban a favor del huachicol fiscal y desde su propia bancada se escuchó un entusiasta “¡sí!”.
Después llegaron las risas, la corrección inmediata y el patético intento de rescatar el discurso.
El detalle incómodo es que Rivera defendía una reforma diseñada precisamente para cerrar el paso a esas prácticas.
Es decir, mientras intentaba presumir músculo legislativo contra el huachicol fiscal, terminó organizando una porra que sonó como respaldo abierto.
El pleno aprobó en lo general los cambios a la Ley Aduanera con 334 votos a favor y 119 en contra. La reforma contempla nuevas sanciones para irregularidades relacionadas con hidrocarburos y petrolíferos.
Después del resbalón, Rivera explicó que fue una equivocación y reiteró que está en contra del huachicol fiscal.
La oposición aprovechó el momento y el emecista Erubiel Lorenzo Alonso incluso lo calificó como una “confesión de hechos”.
El problema de la exalcaldesa no fue solo equivocarse, fue hacerlo mientras intentaba presumir disciplina, unidad y contundencia.
Quiso montar una escena de fuerza legislativa y terminó exhibiendo una bancada que responde en automático.









