Después de más de un año de promesas, mesas de diálogo, suspensiones “temporales” que se volvieron permanentes y de que el propio Pável Gaspar jurara y perjurara que la Ley Casco jamás se derogaría, resulta que ahora sí, por fin, la palabra mágica llegó al Congreso.
Motociclistas y diputados de la Comisión de Movilidad acordaron congelar la exigencia del chip en el casco y analizar una reforma para borrarla del todo de la Ley de Movilidad y Seguridad Vial.
Vaya giro de guion para una medida que nació en junio de 2025 con bombo y platillo, presumida como la solución definitiva contra los delitos cometidos en motocicleta.
Que además, tardó un año completo en siquiera empezar a repartirse.
Desde julio pasado, cuando arrancó el reparto de chips entre fallas técnicas, engomados insuficientes y bloqueos viales, esta ley ha vivido más suspendida que operando.
Durante meses, la postura oficial fue clarísima: no se deroga, solo se “perfecciona”.
Qué manera tan elegante de darle la razón al gremio motociclista después de hacerlo protestar, bloquear la Vía Atlixcáyotl no una sino varias veces, y aguantar meses de “mesas técnicas” que solo servían para ganar tiempo.
Al final, la Ley Casco pasará a la historia como el ejemplo perfecto de cómo legislar al vapor, sin consulta previa, y después pasarse más de un año tratando de arreglar en diálogo lo que debió discutirse antes de aprobarse.









