Dastan Chavarría Martínez, el niño de dos años arrebatado a su madre en Misiones de San Francisco, Coronango, ya fue localizado sano y salvo.
Pero mientras la Fiscalía de Puebla movía cielo, mar y tierra para encontrarlo, la de Tlaxcala volvió a hacer lo que mejor sabe hacer: decir que no sabía nada.
La Fiscalía General del Estado de Puebla (FGE), en coordinación con autoridades del estado de Tlaxcala, localizó con vida a un niño de dos años de edad, reportado como víctima de sustracción de menor en el municipio de Coronango. #FiscalíaInforma https://t.co/YViMtFLOR7 pic.twitter.com/h5k5TCZo1u
— FGE Puebla (@FiscaliaPuebla) September 9, 2026
Otra vez el mismo cuento de la vecina entidad, que solo reacciona cuando ya le ponen el caso resuelto en la puerta.
Porque, seamos honestos, esto nunca fue un secuestro al azar. Dos sujetos interceptaron a la madre en plena calle, la derribaron y se llevaron al niño frente a cámaras y vecinos.
Pero detrás del video viral estaba la verdadera historia: un conflicto de custodia entre los padres. La madre reconoció a uno de los agresores, lo que confirmó que no se trató de criminales desconocidos, sino de gente cercana al papá del menor, quien todo indica que ordenó la sustracción.
Ademas, fue una familiar del papá de Dastan quien avisó a las autoridades poblanas sobre el paradero del niño, no un operativo brillante de Tlaxcala.
El menor apareció en Santa María Acuitlapilco, en casa de su abuela paterna, quien terminó entregándolo. Es decir, mientras Puebla investigaba, coordinaba y localizaba, Tlaxcala se limitó a esperar a que le tocaran la puerta.
El menor está de vuelta, sano y salvo, pero la historia deja una lección incómoda: la violencia familiar sigue disfrazándose de crimen, y Tlaxcala sigue confirmando que su nivel de reacción ante estos casos es prácticamente inexistente hasta que alguien más hace el trabajo por ellos.









