El Tren Interoceánico del Istmo de Tehuantepec registró un nuevo descarrilamiento la noche del martes en la Línea Z, entre Nizanda y Chivela, en el municipio de Asunción Ixtaltepec, Oaxaca.
El incidente ocurrió en el kilómetro 230+800, exactamente en el mismo sector donde, en diciembre de 2025, un accidente dejó 14 personas muertas y más de 100 lesionadas.
La Secretaría de Marina (SEMAR) informó que el percance involucró dos unidades articuladas de un tren de carga que circulaba vacío.

El incidente no dejó personas lesionadas ni afectaciones a la población, y los protocolos de seguridad se activaron de inmediato para retirar los vagones y liberar la vía.
El fantasma de la tragedia sigue presente
Aunque esta vez no hubo víctimas, el nuevo descarrilamiento revivió el recuerdo del peor accidente ferroviario del proyecto.
Después de aquella tragedia, las autoridades aseguraron que reforzarían las medidas de seguridad y revisarían la operación de la ruta.
Sin embargo, el hecho de que otro convoy se descarrilara en el mismo tramo volvió a encender las dudas sobre las condiciones de la infraestructura, el mantenimiento y la eficacia de las acciones correctivas anunciadas tras el accidente de 2025.

El Corredor Interoceánico fue presentado como uno de los proyectos estratégicos más importantes del país para conectar el Golfo de México con el Pacífico y fortalecer el transporte de mercancías.
Pero cada nuevo incidente golpea la confianza de los usuarios y de las comunidades que conviven con esta infraestructura.
La confianza también se descarrila
Que no haya personas lesionadas es una buena noticia. Que el descarrilamiento haya ocurrido en el mismo tramo donde murieron 14 personas es una muy mala señal.
Después del accidente de 2025 se prometieron revisiones, mayor seguridad y medidas para evitar que una tragedia similar volviera a ocurrir. Hoy, el tren volvió a salirse de las vías en el mismo sector.
Quizá las causas de este nuevo percance sean distintas y deberán determinarse mediante la investigación correspondiente. Pero cuando un incidente se repite en el mismo lugar, las explicaciones ya no bastan; la ciudadanía espera resultados.
La confianza en una obra pública no se construye con inauguraciones ni discursos, se construye cuando las promesas de seguridad se cumplen.
Y mientras el mismo tramo siga apareciendo en los titulares por nuevos descarrilamientos, será inevitable que muchos se pregunten si realmente se aprendieron las lecciones que dejó aquella tragedia.








