La primera prueba importante llegó… y los famosos “semáforos pluviales” simplemente no dieron el ancho.
Mientras decenas de familias veían cómo el agua entraba a sus casas y comerciantes perdían en cuestión de minutos el trabajo de años, las estructuras que el Ayuntamiento presentó como una herramienta para alertar sobre el nivel del agua quedaron reducidas, para muchos ciudadanos, a simples latas pintadas de rojo, amarillo y verde que no evitaron una sola inundación.
Llegan los apoyos… después del desastre
Tras las afectaciones provocadas por las lluvias del pasado fin de semana, hoy el presidente municipal José Chedraui anunció apoyos de hasta 100 mil pesos para las personas damnificadas.
Hasta el momento, el Ayuntamiento mantiene un registro de 16 familias y 32 comercios afectados. Sin duda, cualquier ayuda será importante para quienes perdieron muebles, mercancía, electrodomésticos o parte de su patrimonio.
Sin embargo, surge una pregunta que muchos poblanos se hacen: ¿no habría sido mejor invertir esos millones en obras que realmente evitaran las inundaciones?
Porque seamos sinceros. Nadie necesitaba un poste pintado para saber que una calle estaba convertida en río.
Cuando el agua ya llega al nivel rojo del semáforo, el coche ya quedó atrapado, el negocio ya se inundó y muchas familias ya perdieron sus pertenencias.
El problema nunca fue identificar que había agua. El verdadero problema era impedir que la ciudad volviera a colapsar cada temporada de lluvias.
En el discurso, los semáforos pluviales parecían una buena idea. En los hechos, la primera lluvia fuerte los exhibió.
No evitaron inundaciones, no protegieron viviendas y tampoco impidieron que decenas de vehículos terminaran bajo el agua.
El dinero público debe dar resultados
Si un proyecto cuesta millones de pesos, los ciudadanos tienen derecho a exigir resultados. El dinero público no debería destinarse a soluciones que solo funcionan en una presentación o en una conferencia de prensa.
Ahora, además del gasto realizado en los semáforos pluviales, el Ayuntamiento deberá destinar más recursos para atender a las familias y comercios afectados. Es decir, primero se invirtió en una estrategia que no respondió cuando más se necesitaba y ahora habrá que gastar nuevamente para atender las consecuencias.
Al final, el agua no distingue colores. No le importa si el poste está en verde, amarillo o rojo. Sí el drenaje falla y la infraestructura resulta insuficiente, quienes terminan pagando el precio son los ciudadanos.
Las familias pierden su patrimonio, los comerciantes ven afectado el trabajo de años y la ciudad vuelve a enfrentar el mismo problema de cada temporada de lluvias.
Los semáforos pluviales siguen ahí. Pero, después de este episodio, muchos poblanos se preguntan si realmente sirvieron para algo o si terminaron siendo uno de los proyectos más costosos… e inútiles de la actual administración.









