Lo que fue presentado como un encuentro para las juventudes terminó convertido en motivo de críticas.
Mientras desde el escenario se llamaba a respaldar a “la maestra”, en redes sociales comenzaron a difundirse fotografías y videos donde varios asistentes aparecen consumiendo bebidas alcohólicas.
Lejos de proyectar una imagen de participación y liderazgo, el evento dejó escenas que rápidamente desataron cuestionamientos. Para muchos, el protagonismo terminó siendo el alcohol y no el mensaje político.
Las preguntas siguen sin respuesta
Las dudas no tardaron en aparecer. ¿Quién organizó el evento?, ¿De dónde salió el dinero para la logística?, ¿Quién cubrió los gastos de las bebidas y la movilización de los asistentes?…
Hasta ahora, ninguna autoridad del partido ha explicado esos puntos. El silencio solo alimenta la polémica y deja abierta la discusión sobre el origen de los recursos utilizados.
Promoción que levanta sospechas
En medio de la controversia volvió a aparecer el nombre de Laura Artemisa. Su presencia constante en espectaculares, eventos y propaganda ha sido señalada por sus detractores como una estrategia para posicionar su imagen antes de los tiempos electorales.
Ante ello, distintas voces han pedido que las autoridades electorales revisen si estos actos podrían representar una promoción anticipada y aclaren si existe alguna irregularidad.
Más allá de la discusión política, queda una pregunta que incomoda. ¿Ese es el modelo de participación que se quiere promover entre las juventudes?
Convencer a los jóvenes debería hacerse con ideas, proyectos y oportunidades, no con reuniones que terminan siendo recordadas por las bebidas y la controversia.
Porque si la estrategia consiste en reunir chavos, poner música, dejar correr las bebidas y después pedir apoyo político, el mensaje termina siendo muy distinto al discurso de valores, formación y compromiso social que presume el partido.
Una fuerza política que dice representar la transformación debería convencer con propuestas, no con eventos que terminan dando de qué hablar por el ambiente que se genera.
Al final, la fiesta se acaba, pero las dudas sobre quién la pagó y con qué propósito permanecen. Eso también merece una explicación.









