La euforia mundialista volvió a demostrar que cuando la emoción se mezcla con el desorden, el resultado puede ser desastroso.
Lo que comenzó con cánticos, banderas y festejos por la victoria de México sobre Chequia terminó con personas atropelladas, ambulancias abriéndose paso entre la multitud y al menos 17 lesionados en pleno corazón de Cabo San Lucas.
De acuerdo con los primeros reportes, un conductor quedó atrapado entre decenas de aficionados que rodeaban su vehículo, bloqueaban el paso y golpeaban la unidad en medio del festejo. La situación escaló en segundos y el automovilista decidió acelerar, llevándose por delante a varias personas sobre el bulevar Lázaro Cárdenas.

La escena es tan absurda como preocupante: una noche que debía celebrarse terminó convertida en una escena de caos por la incapacidad de algunos para entender que festejar no significa adueñarse de las calles ni convertir cualquier vehículo en parte del espectáculo.
Mientras unos brincaban y gritaban por el triunfo de la Selección Mexicana, otros terminaron en el suelo esperando una ambulancia. Porque en México, a veces la diferencia entre la celebración y la tragedia dura apenas unos segundos.
El conductor ya fue asegurado y las autoridades determinarán su responsabilidad. Sin embargo, más allá de lo que resuelvan los ministerios públicos, la pregunta sigue siendo la misma: ¿en qué momento celebrar un partido se convirtió en una excusa para perder por completo el sentido común?
México sumó tres puntos en la cancha. En Los Cabos, en cambio, la noche dejó heridos, miedo y una celebración que acabó mucho peor de lo que empezó.








