Tener casa no debería ser un lujo, pero lo parece

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En México, comprar una casa ya no es una meta sencilla, para muchas personas, se ha convertido en una especie de leyenda urbana. Por eso, la entrega de 96 departamentos en Lomas de San Miguel terminó siendo una de esas noticias que llaman la atención.

El proyecto forma parte de una estrategia impulsada por la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, para ampliar el acceso a una vivienda digna y dar certeza patrimonial a más familias.

Y seamos sinceros: en estos tiempos, escuchar las palabras “casa propia” genera más emoción que encontrar dinero olvidado en un pantalón.

Un departamento donde sí cabe una familia

Las viviendas tienen 60 metros cuadrados de construcción. Cuentan con dos recámaras, sala-comedor, cocina equipada con estufa y tarja, un baño completo y patio de servicio con lavadero de granito.

Además, los techos son más altos de lo normal. Parece un detalle menor, pero ayuda a que el lugar se sienta más amplio y no dé la impresión de vivir dentro de una caja de zapatos.

Rosalba, una de las beneficiarias, destacó la distribución y el tamaño de los departamentos. Y no es para menos. Hoy en día, algunos desarrollos inmobiliarios venden espacios tan pequeños que hasta acomodar los muebles se vuelve una estrategia de supervivencia.

La buena noticia también deja una realidad incómoda

Sí, 96 familias recibieron una vivienda, pero también es inevitable hacer la pregunta incómoda: ¿y las miles de personas que siguen rentando y haciendo cuentas para llegar a fin de mes?

La crisis de vivienda no desaparece con una entrega de llaves. Los precios siguen subiendo, las rentas parecen competir por ver cuál es más cara y conseguir un crédito no siempre está al alcance de todos.

El sueño mexicano necesita más que 96 llaves

La entrega representa un avance, pero también deja claro el tamaño del problema. Durante años, tener una casa propia pasó de ser un objetivo normal a convertirse en un lujo.

Hoy, muchas familias ya no sueñan con una casa enorme. Se conforman con un espacio digno, seguro y que no les obligue a destinar la mitad de su salario a la renta.

Porque sí, 96 familias tienen motivos para celebrar, pero la verdadera tarea será lograr que dejar de rentar no parezca un milagro reservado para unos cuantos.

DE TOCHO-MOROCHO