Una lluvia bastó para desnudar las carencias del IMSS

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Bastaron unas horas de lluvia para poner en evidencia una realidad que miles de mexicanos conocen desde hace años: la infraestructura de algunos hospitales públicos parece resistir menos que un paraguas barato.

Las intensas precipitaciones provocaron filtraciones en distintas áreas del Hospital General de Zona No. 15 del IMSS en Hermosillo, generando críticas e indignación entre la población.

Las autoridades aseguraron que las goteras no afectaron a los pacientes ni interrumpieron los servicios médicos y que los trabajos de reparación comenzaron de inmediato.

Pero la pregunta es inevitable: ¿por qué las reparaciones siempre empiezan después del problema y no antes?

Porque un hospital no debería convertirse en una prueba de resistencia cada vez que cae una tormenta. Se trata de espacios que deben estar preparados para enfrentar emergencias, no para convertirse en protagonistas de ellas.

La escena ya parece una vieja costumbre en México: llueve, aparecen las filtraciones, llega el comunicado oficial y después las promesas de reparación. Pasa el tiempo y el ciclo se repite.

Lo más preocupante es la normalización del problema. Como si fuera aceptable que un lugar destinado a salvar vidas termine peleando contra goteras en pleno 2026.

Porque la lluvia no es un fenómeno extraordinario ni una sorpresa de último minuto, las temporadas de precipitaciones llegan todos los años.

Y si un hospital no puede mantener el agua fuera de sus instalaciones, la ciudadanía tiene todo el derecho de preguntarse en qué condiciones se encuentra el resto de la infraestructura.

DE TOCHO-MOROCHO