Miriam Peralta Valverde, estudiante de la carrera de Derecho de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), tenía 23 años y un futuro por delante. Hoy, su nombre se suma a la larga y dolorosa lista de mujeres asesinadas en México.
Autoridades detuvieron en Chimalhuacán a Francisco, su novio y presunto responsable del feminicidio. De acuerdo con los reportes, ambos sostuvieron una discusión dentro de una vivienda y él presuntamente la golpeó brutalmente hasta provocarle la muerte.
Las autoridades localizaron el cuerpo de Miriam el pasado 13 de junio en la comunidad de Santa María Nativitas.
El caso vuelve a exhibir una realidad que se repite una y otra vez: muchas mujeres no mueren a manos de desconocidos, sino de las personas que decían amarlas. La violencia en las relaciones sigue escalando hasta consecuencias irreparables, mientras la sociedad continúa normalizando conductas que, muchas veces, representan señales de alerta.
Lo más indignante es que México ya se acostumbró a despertar con una nueva víctima y a reaccionar solo cuando ocurre una tragedia. Primero llegan las agresiones, después las denuncias ignoradas y, finalmente, los mensajes de indignación cuando ya es demasiado tarde.
La detención del presunto responsable es apenas el inicio del proceso. La verdadera deuda sigue pendiente: evitar que otra mujer pierda la vida por culpa de la violencia machista.
Porque Miriam no es una estadística ni un caso más para los expedientes. Era una estudiante, una hija, una amiga y una joven con metas y sueños que alguien decidió arrebatarle a golpes.
Y la pregunta vuelve a ser la misma de siempre: ¿cuántas mujeres más tendrán que morir para que la prevención deje de ser un discurso y se convierta en una prioridad real?









