La cultura del “¿sabes a quién conozco?” sigue viva

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Una mujer identificada como “Ariana” protagonizó un polémico incidente en San Andrés Cholula luego de que policías municipales la detuvieran por presuntamente conducir en una zona prohibida y bajo los efectos del alcohol.

Durante la intervención, la mujer lanzó una frase que rápidamente generó críticas: “Conozco a gente que es narcotraficante”, expresión que muchos interpretaron como un intento de intimidar a los elementos de seguridad.

La situación escaló cuando una médico le practicó una prueba de alcoholemia. El resultado indicó que Ariana presentaba grado 3 de intoxicación etílica, al escuchar el diagnóstico, lejos de asumir responsabilidad, respondió con un irónico: “Bueno, ¡Viva México!”.

Además, la mujer aseguró que únicamente había tomado “un caballito”, según explicó, las personas con las que convivía antes del altercado incluso la llamaron “aguafiestas”. Sin embargo, el resultado de la prueba contrastó con esa versión.

El caso generó indignación no solo por la presunta conducción en estado de ebriedad, sino también por la actitud mostrada durante la detención. Conducir después de consumir alcohol representa un riesgo para peatones, pasajeros y otros automovilistas. Aun así, algunas personas continúan minimizando las consecuencias de esa conducta.

Por si fuera poco, el episodio volvió a poner sobre la mesa una práctica que muchos ciudadanos rechazan: recurrir a presuntas influencias, amenazas o contactos para intentar evitar sanciones. En lugar de asumir las consecuencias de sus actos, algunos optan por desafiar a la autoridad y exhibir una preocupante sensación de impunidad.

Más allá de las sanciones que correspondan, el incidente deja una pregunta abierta: ¿qué resulta más grave, conducir en estado de ebriedad o creer que mencionar supuestos vínculos con criminales puede colocar a alguien por encima de la ley?

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