¿Casualidad o firma criminal? Dejan cerdos rosados, pasen a leer

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Un juguete inocente se convirtió en la imagen más perturbadora de la violencia en el noroeste del país: un cerdito de peluche rosa que, una y otra vez, aparece junto a cadáveres en las calles de Culiacán, Sinaloa, y que ahora ya cruzó la frontera hacia Baja California.

Lo que inicialmente pudo parecer una coincidencia, hoy se ha convertido en un patrón que despierta preguntas y preocupación entre la población.

El caso más reciente ocurrió apenas ayer, cuando Perla del Rocío de 28 años de edad, fue asesinada a balazos mientras estacionaba su vehículo en Culiacán. Junto a la unidad, autoridades localizaron un peluche de cerdito rosa, un objeto que ya ha aparecido en al menos otros cinco homicidios recientes, sumando así seis casos con características similares.

Horas después, otro hecho volvió a encender las alertas. En la colonia 10 de Mayo, también en Culiacán, fue encontrado el cuerpo de un hombre al interior de un inmueble. Afuera de la vivienda, elementos de seguridad localizaron nuevamente un peluche de cerdito rosa, repitiendo un detalle que ya no parece aislado.

La situación ha comenzado a llamar la atención no solo por la violencia de los hechos, sino por el mensaje que podría existir detrás de estos objetos. Casos registrados en menos de un mes, algunos incluso fuera de Sinaloa y con reportes similares en Baja California, comparten el mismo elemento: un tierno peluche colocado cerca de las víctimas o en las escenas del crimen.

Hasta el momento, ninguna autoridad ha emitido una explicación oficial sobre el significado de estos peluches ni ha confirmado si están relacionados con algún grupo criminal. Sin embargo, la repetición del patrón alimenta las especulaciones sobre una posible marca, advertencia o firma utilizada para enviar mensajes entre organizaciones delictivas.

Lo preocupante es que, mientras las investigaciones avanzan lentamente, los homicidios siguen acumulándose y los cerditos continúan apareciendo. En un estado golpeado por la violencia, cada nuevo hallazgo deja la misma pregunta en el aire: ¿se trata de una malvada coincidencia o de un mensaje que las autoridades aún no han logrado descifrar?

DE TOCHO-MOROCHO