¿Rendición de cuentas o festival de aplausos?

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A dos años de haber obtenido el triunfo electoral que la llevó a la Presidencia de México, Claudia Sheinbaum encabezó este domingo un acto masivo en el Monumento a la Revolución de la Ciudad de México, donde presentó un balance de su administración bajo el lema “Honestidad, resultados y amor a la patria”. Sin embargo, más allá de las cifras presumidas desde el escenario, el evento dejó cuestionamientos sobre el uso de recursos públicos, la movilización de asistentes y las contradicciones en materia de libertad de expresión.

Ante miles de simpatizantes, la mandataria destacó la apertura de cerca de 300 hospitales, la distribución de más de mil 700 millones de medicamentos, la ampliación de la infraestructura educativa y el fortalecimiento de los programas sociales, que beneficiarán a más de 42 millones de personas. También adelantó que durante este año desaparecerán los exámenes de admisión en preparatorias públicas.

El informe no se realizó en el Zócalo capitalino, como ocurrió en otros actos de gobierno, debido a que la plaza ya se encuentra ocupada por las actividades relacionadas con la Copa Mundial de la FIFA 2026. Aun así, el evento fue transmitido de manera simultánea en plazas públicas de las 32 entidades del país.

En Puebla, el acto fue proyectado en el Zócalo de la capital, donde el gobernador Alejandro Armenta respaldó públicamente a la presidenta y aseguró que cuenta con el apoyo de las y los poblanos. Autoridades estatales reportaron una asistencia de alrededor de 37 mil personas entre funcionarios, legisladores, alcaldes y ciudadanos.

No obstante, la imagen de unidad y celebración contrastó con lo ocurrido al término de la jornada. El Centro Histórico quedó cubierto de basura, mientras que durante las horas previas al mensaje se distribuyeron alimentos, gorras, banderines y material propagandístico. Para muchos asistentes, el ambiente se asemejó más a un mitin político que a un ejercicio de rendición de cuentas.

Las críticas también alcanzaron el plano nacional. En días previos circularon documentos y mensajes atribuidos a dependencias gubernamentales en los que se instruía a directivos y coordinadores a garantizar la asistencia de parte de su personal al evento, bajo advertencias de posibles sanciones administrativas. La situación volvió a poner sobre la mesa las acusaciones de acarreo y movilización corporativa en actos oficiales.

A las afueras del Monumento a la Revolución, integrantes del colectivo “Mexicanos al Grito de Paz” desplegaron una manta con la frase: “Claudia Sheinbaum protege a narcogobernantes”, acompañada con una imagen de la presidenta junto a Rubén Rocha Moya, gobernador que ha enfrentado señalamientos relacionados con presuntos vínculos con grupos criminales.

La controversia se profundizó cuando, durante su discurso, Sheinbaum afirmó que en México existe plena libertad de expresión y que el país vive uno de los momentos más libres de su historia. Sin embargo, organizaciones, periodistas y diversos sectores han cuestionado esa narrativa, particularmente en Puebla, donde recientemente se ha señalado un cambio en la línea editorial de medios críticos al gobierno y donde también surgió la polémica por los intentos de embargo contra las instalaciones de TV Azteca Puebla por una presunta deuda fiscal.

Entre cifras optimistas, mensajes de respaldo político y señalamientos de movilización masiva, el informe presidencial terminó dejando una pregunta abierta: ¿se trató de un auténtico ejercicio de rendición de cuentas o de una demostración de fuerza política disfrazada de informe ciudadano?

DE TOCHO-MOROCHO