Yoselin Rodríguez
A 88 años del nacimiento de Carlos Monsiváis, su figura sigue siendo indispensable para entender la cultura, la crítica social y los movimientos progresistas en México. Amante de la lectura, del buen cine y (como él mismo presumía) de los gatos, Monsiváis dejó un legado que va mucho más allá de la literatura: fue un observador agudo de su tiempo y un aliado clave en la lucha feminista.
En un país donde durante décadas el feminismo fue minimizado o caricaturizado, Monsiváis se posicionó como un acompañante incómodo pero necesario. No hablaba desde el protagonismo, sino desde la crítica, el análisis y la conciencia social. Participó activamente como consejero, defensor público y compañero en marchas, mesas de debate y publicaciones periódicas, especialmente durante el auge de la segunda ola del feminismo en México en las décadas de los 70 y 80.
Su obra Misógino feminista reúne textos escritos entre 1973 y 2008, muchos de ellos publicados en revistas fundamentales como Debate Feminista. En estos escritos se despliega toda su capacidad crítica: desde el análisis sobrio de la realidad mexicana hasta la sátira mordaz contra instituciones como la jerarquía eclesiástica, pasando por estudios sobre la representación de las mujeres en el cine y la literatura.
Monsiváis no idealizaba el feminismo ni lo simplificaba. Lo entendía como un movimiento complejo, necesario y profundamente político. Escribió sobre mujeres destacadas, rindió homenaje a precursoras y también retrató, con una mirada íntima, a activistas que marcaron su vida y su pensamiento.
En un contexto donde aún persisten ideas erróneas (como que el feminismo “odia a los hombres”), la figura de Monsiváis desmonta ese mito. Su participación demuestra que existen aliados que no buscan protagonismo ni aprobación, sino que aportan desde la reflexión, la crítica y el compromiso genuino.
Porque sí, también hay hombres dentro del feminismo. Hombres que no justifican, pero opinan; que no lideran, pero acompañan. Y en el caso de Monsiváis, que además encontraban en los gatos, el cine y los libros, otra forma de entender el mundo.
Hoy, su voz sigue vigente. Leerlo no solo es un ejercicio cultural, sino una forma de cuestionar lo que creemos saber sobre el feminismo, la sociedad y el papel que cada quien decide asumir dentro de ella.



